EL PERRO RABIOSO HORACIO QUIROGA PDF

Va desnudo hasta la cintura y lleva un gran sombrero de paja. Nuestro conocido espera la noche para destapar su frasco, y como su sensatez es grande, escoge el cementerio para inviolable teatro de sus borracheras. Tiene la boca amoratada, los ojos profundamente hundidos, y la mirada enloquecida de ansia. Es, pues, su deber ayudar al hombrecillo tiritante.

Author:Shakakus Zumi
Country:China
Language:English (Spanish)
Genre:Literature
Published (Last):23 January 2014
Pages:440
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ISBN:882-6-89900-132-3
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De nuevo, y esta vez detrs del cuarto de mam, el fatdico aullido explot. Est rabioso! No salgas! Hay cosas absurdas que tienen toda la apariencia de un legtimo razonamiento: Sal afuera con la lmpara en una mano y la escopeta en la otra, exactamente como para buscar a una rata aterrorizada, que me dara perfecta holgura para colocar la luz en el suelo y matarla en el extremo de un horcn. Recorr los corredores. No se oa un rumor, pero de dentro de las piezas me segua la tremenda angustia de mam y mi mujer que esperaban el estampido.

El perro se haba ido. Me parece haber odo un trote cuando sal. Federico: no estar en tu cuarto? No tiene puerta, mi Dios!

Qudate adentro! Puede volver! En efecto, poda volver. Eran las dos y veinte de la maana. Y juro que fueron fuertes las dos horas que pasamos mi mujer y yo, con la luz prendida hasta que amaneci, ella acostada, yo sentado en la cama, vigilando sin cesar la arpillera flotante. Antes me haba curado. La mordedura era ntida, dos agujeros violeta, que oprim con todas mis fuerzas, y lav con permanganato.

Yo crea muy restrictivamente en la rabia del animal. Desde el da anterior se haba empezado a envenenar perros, y algo en la actitud abrumada del nuestro me prevena en pro de la estricnina. Quedaban el fnebre aullido y el mordisco; pero de todos modos me inclinaba a lo primero. De aqu, seguramente, mi relativo descuido con la herida. Lleg por fin el da. A las ocho, y a cuatro cuadras de casa, un transeunte mat de un tiro de revlver al perro negro que trotaba en inequvoco estado de rabia.

En seguida lo supimos, teniendo de mi parte que librar una verdadera batalla contra mam y mi mujer para no bajar a Buenos Aires a darme inyecciones. La herida, franca, haba sido bien oprimida, y lavada con mordiente lujo de permanganato. Todo esto, a los cinco minutos de la mordedura. Qu demonios poda temer tras esa correcin higinica?

En casa concluyeron por tranquilizarse, y como la epidemia--provocada seguramente por una crisis de llover sin tregua como jams se viera aqu--haba cesado casi de golpe, la vida recobr su lnea habitual. Pero no por ello mam y mi mujer dejaron ni dejan de llevar cuenta exacta del tiempo.

Los clsicos cuarenta das pesan fuertemente, sobre todo en mam, y an hoy, con treinta y nueve transcurridos sin el ms leve trastorno, ella espera el da de maana para echar de su espritu, en un inmenso suspiro, el terror siempre vivo que guarda de aquella noche.

El nico fastidio, acaso, que para m ha tenido esto, es recordar punto por punto lo que ha pasado. Confo en que maana de noche concluya, con la cuarentena, esta historia, que mantiene fijos en m los ojos de mi mujer y de mi madre, como si buscaran en mi expresin el primer indicio de enfermedad. Marzo 10 Por fin! Espero que de aqu en adelante podr vivir como un hombre cualquiera, que no tiene suspendidas sobre su cabeza coronas de muerte.

Ya han pasado los famosos cuarenta das, y la ansiedad, la mana de persecuciones y los horribles gritos que esperaban de m, pasaron tambin para siempre. Mi mujer y mi madre han festejado el fausto acontecimiento de un modo particular: contndome, punto por punto, todos los terrores que han sufrido sin hacrmelo ver.

El ms insignificante desgano mo las suma en mortal angustia: Es la rabia que comienza! Si alguna maana me levant tarde, durante horas no vivieron, esperando otro sntoma. La fastidiosa infeccin en un dedo que me tuvo tres das febril e impaciente, fu para ellas una absoluta prueba de la rabia que comenzaba, de donde su consternacin, ms angustiosa por furtiva.

Y as el menor cambio de humor, el ms leve abatimiento, provocronles, durante cuarenta das, otras tantas horas de inquietud. No obstante esas confesiones retrospectivas, desagradables siempre para el que ha vivido engaado, an con la ms arcanglica buena voluntad, con todo me he redo buenamente.

No puedes figurarte lo horrible que es para una madre el pensamiento de que su hijo pueda estar rabioso! Cualquier otra cosa Mi mujer, aunque ms sensata, ha divagado tambin bastante ms de lo que confiesa. Pero ya se acab, por suerte! Esta situacin de mrtir, de beb vigilado segundo a segundo contra tal disparatada amenaza de muerte, no es seductora, a pesar de todo. Por fin, de nuevo! Viviremos en paz, y ojal que maana o pasado no amanezca con dolor de cabeza, para resurreccin de las locuras.

Marzo 15 Hubiera querido estar absolutamente tranquilo, pero es imposible. No hay ya ms, creo, posibilidad de que esto concluya.

Miradas de soslayo todo el da, cuchicheos incesantes, que cesan de golpe en cuanto oyen mis pasos, un crispante espionaje de mi expresin cuando estamos en la mesa, todo esto se va haciendo intolerable.

Ya es un poco cansadora esta historia del perro rabioso! Y no hacen, sin embargo, otra cosa, otra que espiarme noche y da, da y noche, a ver si la estpida rabia de su perro se ha infiltrado en m!

Hace tres das que vivo como debera y deseara hacerlo toda la vida. Me han dejado en paz, por fin, por fin, por fin! Marzo 19 Otra vez! Otra vez han comenzado! Ya no me quitan los ojos de encima, como si sucediera lo que parecen desear: que est rabioso.

Cmo es posible tanta estupidez en dos personas sensatas! Ahora no disimulan ms, y hablan precipitadamente en voz alta de m; pero, no s por qu, no puedo entender una palabra. En cuanto llego cesan de golpe, y apenas me alejo un paso recomienza el vertiginoso parloteo. No he podido contenerme y me he vuelto con rabiaPero hablen, hablen delante, que es menos cobarde!

No he querido oir lo que han dicho y me he ido. Ya no es vida la que llevo! Quieren irse! Quieren que nos vayamos! Ah, yo s por qu quieren dejarme!

Aullidos, aullidos! Toda la noche no he odo ms que aullidos! He pasado toda la noche despertndome a cada momento! Perros, nada ms que perros ha habido anoche alrededor de casa! Y mi mujer y mi madre han fingido el ms perfecto sueo, para que yo solo absorbiera por los ojos los aullidos de todos los perros que me miraban!

No hay ms que vboras! Mi casa est llena de vboras! Al lavarme haba tres enroscadas en la palangana! En el forro del saco haba muchas! Y hay ms! Hay otras cosas! Mi mujer me ha llenado la casa de vboras! Ha trado enormes araas peludas que me persiguen! Ahora comprendo por qu me espiaba da y noche! Ahora comprendo todo! Quera irse por eso!

El patio est lleno de vboras! No puedo dar un paso! No, no! Mi mujer se va corriendo! Mi madre se va! Me han asesinado! Ah, la escopeta! Est cargada con municin! Pero no importa Qu grito ha dado! Le err Otra vez las vboras! All, all hay una enorme! Socorro, socorro!! Todos me quieren matar!

Las han mandado contra m, todas!

BILIKIEWICZ PSYCHIATRIA TOM 2 PDF

Horacio Quiroga - El Perro Rabioso

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El perro rabioso (cuento)

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