EL REGRESO DEL HIJO PRODIGO ANDRE GIDE PDF

Daniel rated it really liked it Aug 04, Bianca Peiu rated it really liked it Oct 28, This book is not yet featured on Listopia. Elira rated it liked it Sep 10, On ne quitte pas les siens deux fois. Bombita rated it liked it Jul 29, Just a moment while we sign you in to your Goodreads account. Daniel rated it liked it Mar 12, Known for his fiction as well as his autobiographical works, Gide exposes to public view the conflict and eventual reconciliation between the two sides of his personality, split apart by a straight-laced education and a narrow social moralism. Olivier rated it liked it Mar 31, Published November 1st by Gallimard Education first published Thanks for telling proxigo about the problem. There are no discussion topics on this book yet.

Author:Talmaran Zolorisar
Country:Poland
Language:English (Spanish)
Genre:Art
Published (Last):28 August 2005
Pages:343
PDF File Size:20.30 Mb
ePub File Size:1.5 Mb
ISBN:971-3-95007-482-9
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Price:Free* [*Free Regsitration Required]
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C a m in a r hasta encontrarlo. Se lev a n ta ro n antes del alba, y e m p re n d ie ro n la m archa; h o ra gris y todava fresca; c a m in a ro n como peregrinos serios, silenciosos, preocupados, con u n fin d is tin to a ellos mismos; y su curiosidad p e rd i d a les d e ja b a algo as como el sentim iento de u n a m ancha. A u n q u e n o nos adelantem os demasiado, seora, pues h e a q u q u e ellos casi nos agradan. L a zan ja term in. Pesado sol; el cam ino se alargaba d e lan te de ellos; h o ra en q u e ya no hay som bra sobre las paredes de los jardines.

V ieron, casi sobre la hie d ra y escondida, u n a p u e rtita cerrada. InsensibleS7 n d r g i d e m ente la p a re d d a b a vuelta, y el sol, g ira n d o tam bin m ien tras te rm in a b a el da, pareca seguirlos. U nas ram as, inmviles, se in c lin a b a n p o r encim a del p ared n.

Entonces se posesion de ambos g ra n tristeza, y se sen taro n u n rato , antes de em p re n d e r el regre so. L a tristeza, e n tra n d o p o r la fisura ms estrecha, los cubri. Especialm ente, estaban cansados del paseo, y de q u e h u b ie re re su lta d o vano.

A h o ra el sol se esconda detrs del p arqu e; c a m in a b a n a la som bra invasora del p a red n; creyeron q u e ella co n ten a u n algo de mis terio. Ya era noche cerrada cu an d o llegaron. Al da siguiente, al atardecer: C un tam e el alba del verano dijo R a q u e l, puesto qu e m i pereza m e retiene a tu lado.

L u c comenz: E ra el V erano, p ero antes del alba; los p ja ros todava no can ta b a n ; el bosque comenzaba a despertar. H a c ia esas lum inosidades superiores prosigui Luc, dos caballeros se av e n tu ra ro n , y hacia la m e seta q u e do m in a, luego de h a b e r seguido to d a la noche el valle.

P erm anecan silenciosos y serios, lue go de cam in a r largo tiem p o en la som bra, y los a l tos robles de la avenida, e x te n d a n sus ram as p o r encim a de ellos.

Sus caballos su b a n le n ta m e n te el cam ino recto y escarpado. E n la meseta se ex ten d a o tra avenida, ms ancha, co rtan d o la a n te rio r y q u e segua la cspide de la colina. Los dos caballeros se detu v ieron. U n o de ellos dijo: Separmonos, am igo m o; distintos cam inos nos lla m a n y bastn d om e m i valor n o n e cesito la ay ud a del vuestro. Luego, volvindose de espaldas, cada u n o de ellos se encam in hacia solitarias conquistas. E n tonces despertaron todos los pjaros.

H u b o perse cuciones amorosas b a jo las hojas y rondas de insec tos en el aire: se oa el vuelo de las abejas y sobre el csped se a b ra n nuevas flores p a ra ser libadas. M urm u llo s deliciosos se alzaron. M s lejos, d o n d e el terren o term inab a, slo se vean hojas; ms a b a jo, en el valle m enos tenebroso, las p u n ta s cim b re a n tes de los rboles; y ms abajo an , u n a b ru m a. Y los dos. Lleg a ella, hacia m edioda, u n grup o de jvenes m ujeres; cam in ab an tom adas de la ma39 ANDR no, como lo haces t con tus com paeras; rean; luego llegaron ho m b res vestidos con trajes de seda y frvolos d o rad o s; sentndose juntos, todos conver saron.

Y la avenida se llen d e in q u ie tu d y m urm u llo s; todo se d isp o n a a d o rm ir; luego todo call; era de n oche y las ram as se b a lan cea ban; los troncos grises se volvan misteriosos en la som bra; se alz el can to de u n p ja ro crepuscular. Ellos p erm anecan in c lin a dos, ms graves q u e a la m a a n a p o r causa de la tarea vana. Y habindose re u n id o sin u n a p alabra, volvieron a descender la avenida qu e b aja la colina, hu n d in d o se en la noche bajo las ramas.

Por q u p a r tir ahora, Luc? No eres toda m i vida? Existen otras cosas an. U sted sabe bien qu e si hice frases, fue p a ra los otros, no pa ra m. Dos alm as se e n c u e n tra n u n da, y p o rq u e ellas recogen flores, se h a n credo parecidas. L a co n tin u aci n del pasado las separa.

Es u n a separacin n e cesaria, ya q u e slo u n pasado parecido p o d r hacer similares las almas. B uscaban p o r m o m e n tos re to m a r el a m o r q u e se deshaca, pero ya era placer sin sorpresa; cosa acabada y L uc soaba fe liz en p a rtir. L u c n o soaba ms con el am or, pero su am o r d e ja b a en ellos, como el recu erd o de u n a g ra n d ulzu ra, y como el perfum e d e bellas flores m architas, todo eso qu e restaba de las g u ir naldas, p ero sin tristeza, sin tristeza.

A causa de los esplndidos colores qu e h a b a n tom ado las hojas del otoo, de ta n bello reflejo e n las aguas, p referan las aguas dorm idas y se paseab an p o r sus riberas. Los bosques p a re can gloriosos y sonoros: las hojas cayendo descu b ra n el horizonte. L u c soaba en la v ida inm ensa. Q uisieron volver a ver el p a rq u e de las rejas m a ravillosas. N a d a lo g rara p in ta r el esplendor de tales aveni das. El o to o cu b ra el csped y las ram as aparecan q uebradas, la h ie rb a h a b a cu b ierto los senderos y a h og ad o las gram neas.

C a m in a ro n en silencio, cerca de los m ato rrales cubiertos de bayas rojas, do nd e los pechocolorados can tab an.

A m o el esplen d o r del otoo. E n el ja r d n q u e d a b a n recuerdos de fiestas; frutos dem asiado m aduros colgaban de las espalderas. Caa la noche y ellos re g re sa ro n. A ll van los ciervos y el cu ern o retu m ba. T iau t! L a d ra la ja u ra ; los ciervos esca pan.

Paseemos ba jo los grandes bosques. L a caza acude; h a pasado; ha visto a los palafreneros? El sonido del cuerno se aleja, se aleja e n el bosque. R e gresemos al estanque tra n q u ilo d o n d e cae la noche. D urm am os. Entonces, L uc la deja; a n n o tiene sueo. S u e an en cosas nuevas. H e a q u el O to o, seora: llueve; los bosques estn m uertos, y el invierno va a llegar.

Pienso en usted; tengo el alm a a rd ie n te y calm a; estoy senta d o cerca del fuego; cerca, mis libros; estoy solo, p ie n so, escucho. Retom arem os, como otras veces, n ues tros am ores bellos y plenos de misterio? Soy feliz; vivo; tengo nobles pensam ientos. H e te rm in a d o de co n ta r esta h isto ria q u e nos abu rre; grandes tareas nos llam an ahora. S que, sobre el m ar, sobre el ocano de la vida, gloriosos naufragios nos esperan, y m arin o s perdidos e islas p o r descubrir. Pero q uedam os inclinados sobre los libros, y nuestros deseos corren hacia acciones ms ciertas.

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